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Biblioteca Popular José A. Guisasola





LA LUZ DE LOS LIBROS, por Angeliki Varella


Los dos hermanos solían jugar con un globo terráqueo. Mientras le daban vueltas y más vueltas, con los ojos cerrados, señalaban un punto cualquiera con el dedo. Y si ese punto era Pekín, Madagascar o México, buscaban en la biblioteca libros que contaran historias de esos lugares.

Les encantaba leer. Disfrutaban con la lectura. La luz en su ventana permanecía encendida hasta muy tarde.

Guiados por la "luz" de los libros, recorrieron la Gran Muralla China, escucharon la canción del Océano junto a los vikingos, vivieron a la sombra de las pirámides en el Antiguo Egipto, se deslizaron en trineo por lagos helados junto a los esquimales, participaron en los Juegos Olímpicos de la antigüedad y recibieron la corona de olivo de los campeones.

Cuando por fin se quedaban dormidos, los cuentos, las historias, las leyendas, los lugares, los escritores, los héroes se mezclaban en sus sueños y los acunaban dulcemente: Esopo contaba sus fábulas a Sherazada en lo alto de la torre Eiffel, Cristóbal Colón escuchaba a Tom Sawyer relatar sus travesuras en un barco del río Mississippi, Alicia viajaba por el País de las Maravillas junto a Mary Poppins y Andersen narraba sus cuentos a la araña Anansi frente a una pirámide.

El juego con el globo terráqueo y los libros era divertidísimo porque parecía interminable. Los dos hermanos habían encontrado la manera de ser navegantes y exploradores a través de las páginas. La "luz" de los libros les permitía conquistar todo el planeta, vivir en diferentes civilizaciones y épocas, admirar su diversidad. Podían descubrir la vida en el inmenso mundo que había más allá de su pequeño cuarto. Volaban muy lejos, viajaban y soñaban.

Y, por supuesto, ¡siempre se olvidaban de apagar la luz!

—Chicos, ¡duérmanse de una vez! —les pedían sus padres—. Ya es muy tarde. ¡Apaguen la luz!

—No podemos —contestaban muertos de risa—. La "luz" de los libros no se apaga nunca.


FIN

Traducción de la versión en inglés: Laura Canteros.



Ilustración: ©Polly Dumbar

15 de Junio: Día Nacional del Libro

Esta celebración comenzó en Argentina el 15 de junio de 1908 como "Fiesta del Libro". Ese día se entregaron los premios de un concurso literario organizado por el Consejo Nacional de Mujeres. En 1924, el Decreto Nº 1038 del Gobierno Nacional declaró como oficial la "Fiesta del Libro". El 11 de junio de 1941, una resolución Ministerial propuso llamar a la conmemoración "Día del Libro" para la misma fecha, expresión que se mantiene actualmente.

(Efemérides Culturales Argentinas - Ministerio de Educación de la Nación)

MI LIBRO, MI AMOR

Ya sé que eres muy viejo,
que has cumplido
varios miles de años.
Sé que tu corazón
anda por todas partes,
mil millones de veces repartido
en cientos de miles de bibliotecas.
Ya sé que te han prohibido
muchas veces
y quemado otras tantas.
Pero te quiero
como si hubieras nacido ayer,
como si fueras sólo mío,
y como si tu salvación
dependiera de mí.
¡Y cómo no quererte,
cuando he vivido tanto
de tu luz y tu sombra,
cuando he soñado tantas veces
contigo entre las manos,
cuando, gracias a ti,
he escapado al dolor
y he podido enfrentarme a la injusticia,
cuando has acabado por convertirte
en toda mi memoria,
y, lo que es aún mejor,
en toda la memoria de mi especie!
Por eso puedo sentir
que te amé desde niño
y que te amaré siempre.
Por eso puedo gritar
que eres la mejor herramienta
de mi libertad
y de la libertad de todos.
Reconozco que debo
parecer exaltado,
admito que la gente se sonría
al oír estas cosas...,
pero así somos los enamorados.
De verdad que no puedo avergonzarme,
sino estar orgulloso,
de esas noches en vela
pasadas a tu lado...
De ese temblor, emocionado,
cada vez que te descubro...
De la pena de perderte
y la alegría de reencontrarte,
y hasta de la ansiedad que me consume
si no te tengo a mano.
Confieso que me ciega la pasión
si digo que, de tanto como han hecho los hombres,
eres tú lo mejor y lo más grande,
libro mío,
amor mío...


Miguel Fernández-Pacheco (Jaén)
escritor, ilustrador y profesor de ilustración español



Fotografía surrealista de Joel Robinson (Canadá)

Jorge Luis Borges. El Oro De Los Tigres. (1972)


EL AMENAZADO
Jorge Luis Borges

Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre
es la única. ¿De qué me servirán mis talismanes: el
ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje
de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus
mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de
la Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven
amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos,
la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que
miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan las hordas.
(Esta habitación es irreal, ella no la ha visto).
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.


Jorge Luis Borges. El Oro De Los Tigres. (1972)



Imagen: María Esther Vázquez y Borges en el jardín de Villa Silvina en Mar del Plata, 1965 (Foto de Adolfo Bioy Casares)

Jorge Luis Borges. El otro, el mismo (1964)


ALGUIEN

Un hombre trabajado por el tiempo,
un hombre que ni siquiera espera la muerte
(las pruebas de la muerte son estadísticas
y nadie hay que no corra el albur
de ser el primer inmortal),
un hombre que ha aprendido a agradecer
las modestas limosnas de los días:
el sueño, la rutina, el sabor del agua,
una no sospechada etimología,
un verso latino o sajón,
la memoria de una mujer que lo ha abandonado
hace ya tantos años
que hoy puede recordarla sin amargura,
un hombre que no ignora que el presente
ya es el porvenir y el olvido,
un hombre que ha sido desleal
y con el que fueron desleales,
puede sentir de pronto, al cruzar la calle,
una misteriosa felicidad
que no viene del lado de la esperanza
sino de una antigua inocencia,
de su propia raíz o de un dios disperso.
Sabe que no debe mirarla de cerca,
porque hay razones más terribles que tigres
que le demostrarán su obligación
de ser un desdichado,
pero humildemente recibe
esa felicidad, esa ráfaga.
Quizá en la muerte para siempre seremos,
cuando el polvo sea polvo,
esa indescifrable raíz,
de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.

Jorge Luis Borges. El otro, el mismo (1964)
Incluido en Obra poética, 2. Jorge Luis Borges. Emecé Editores (Buenos Aires, 1977)
Foto de Jorge Luis Borges, 1943, © Gisèle Freund. Fotógrafa francesa nacida en Alemania. Su pluma de luz era una Leica, y con ella escribió particulares reseñas de numerosos escritores que se cruzaron en su camino. A causa del nazismo se refugia en Francia - en donde pasa la mayor parte de su vida- sin embargo los conflictos bélicos incentivaron su alma nómada llevándola por toda América Latina.

Fotografía con copyright

Placa de características: 11-549217
Número de inventario: AM 1992-194
Fondo: Fotografías
Título: Jorge Luis Borges, Buenos Aires
Autor: Gisèle Freund (1908-2000)
Copyright: (C) RMN / Gestión de MCC / Fondo PIEM copyright
Crédito de la foto: Foto (C) Centro Pompidou, MNAM-CCI, dist. RMN / Gisèle Freund, reproducción de Guy Carrard
Período: Época contemporánea del siglo 20 desde 1914 hasta hoy
Fecha: 1943
Técnica / Material: prueba cromogénico, prueba en papel Kodak
Altura: 0250 m.
Largo: 0.300 m.
Ubicación: París, Museo Nacional de Arte Moderno - Centro Georges Pompidou
Adquisición: Donación del artista en 1992
Palabras clave: Jorge Luis Borges (1899-1986). Vestuario (los tiempos modernos). Retrato de la personalidad (literario-humanidades). Retrato de hombre

ODA ESCRITA EN 1966. Jorge Luis Borges. El otro, el mismo (1964)


ODA ESCRITA EN 1966

Nadie es la patria. Ni siquiera el jinete
que, alto en el alba de una plaza desierta,
rige un corcel de bronce por el tiempo,
ni los otros que miran desde el mármol,
ni los que prodigaron su bélica ceniza
por los campos de América
o dejaron un verso o una hazaña
o la memoria de una vida cabal
en el justo ejercicio de los días.
Nadie es la patria. Ni siquiera los símbolos.

Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo
cargado de batallas, de espadas y de éxodos
y de la lenta población de regiones
que lindan con la aurora y el ocaso,
y de rostros que van envejeciendo
en los espejos que se empañan
y de sufridas agonías anónimas
que duran hasta el alba
y de la telaraña de la lluvia
sobre negros jardines.

La patria, amigos, es un acto perpetuo
como el perpetuo mundo. (Si el Eterno
Espectador dejara de soñarnos
un solo instante, nos fulminaría,
blanco y brusco relámpago, Su olvido.)
Nadie es la patria, pero todos debemos
ser dignos del antiguo juramento
que prestaron aquellos caballeros
de ser lo que ignoraban, argentinos,
de ser lo que serían por el hecho
de haber jurado en esa vieja casa.
Somos el porvenir de esos varones,
la justificación de aquellos muertos;
nuestro deber es la gloriosa carga
que a nuestra sombra legan esas sombras
que debemos salvar.

Nadie es la patria, pero todos lo somos.
Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,
ese límpido fuego misterioso.


Jorge Luis Borges. El otro, el mismo (1964)
Incluido en Obra poética, 2. Jorge Luis Borges. Edición Emecé Editores (Buenos Aires, 1977)



Foto de Borges © Sara Facio

Jorge Luis Borges. El otro, el mismo (1964)


LOS ENIGMAS

Yo que soy el que ahora está cantando
seré mañana el misterioso, el muerto,
el morador de un mágico y desierto
orbe sin antes ni después ni cuándo.

Así afirma la mística. Me creo
indigno del Infierno o de la Gloria,
pero nada predigo. Nuestra historia
cambia como las formas de Proteo.

¿Qué errante laberinto, qué blancura
ciega de resplandor será mi suerte,
cuando me entregue el fin de esta aventura

la curiosa experiencia de la muerte?
Quiero beber su cristalino Olvido,
ser para siempre; pero no haber sido.


Jorge Luis Borges. El otro, el mismo (1964)



Foto de Borges ©Diego Goldberg-Sygma-Corbis


Jorge Luis Borges. Elogio de la sombra (1969)


ELOGIO DE LA SOMBRA

La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.


Jorge Luis Borges. Elogio de la sombra (1969)



Foto de Borges © Ferdinando Scianna

Borges ilustrado por Fernando Vicente


"Sabía que la tierra es el reino de la locura y que la única libertad concedida al hombre es la de su infinita imaginación"

(En: Ensayo Sobre El Orlando Furioso, de Attilio Momigliano. Colección Biblioteca Personal de Jorge Luis Borges -1986. Ed. Hyspamérica)

Biblioteca personal reúne los prólogos que Jorge Luis Borges escribió para los libros que integraron una colección de cien obras de lectura imprescindible que fue publicada por Hyspaméria en 1985. La selección de los títulos estuvo también a cargo de Borges que sólo llegó a escribir sesenta y cuatro prólogos, pues su muerte impidió que la colección prevista se completara.



UN CIEGO

No sé cuál es la cara que me mira
cuando miro la cara del espejo;
No sé qué anciano acecha en su reflejo
con silenciosa y ya cansada ira.

Lento en mi sombra, con la mano exploro
mis invisibles rasgos. Un destello
me alcanza. He vislumbrado tu cabello
que es de ceniza o es aún de oro.

Repito que he perdido solamente
la vana superficie de las cosas.
El consuelo es de Milton y es valiente,

pero pienso en las letras y en las rosas.
Pienso que si pudiera ver mi cara
sabría quién soy en esta tarde rara.


Jorge Luis Borges. La rosa profunda (1975)


Ilustraciones: © Fernando Vicente

14 de junio de 1986 Muere en Ginebra (Suiza) el poeta, cuentista y ensayista Jorge Luis Borges, el más universalmente conocido y estimado de los escritores argentinos. Nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899.


A QUIEN LEYERE

Si las páginas de este libro consienten algún verso
feliz, perdóneme el lector la descortesía de haberlo
usurpado yo, previamente. Nuestras nadas poco
difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de
que tú seas el lector de estos ejercicios, y yo su
redactor.

Jorge Luis Borges
Fervor de Buenos Aires (1923)


Foto de Borges © Ferdinando Scianna - 1984 en Palermo, Sicilia


LA VUELTA

Al cabo de los años del destierro
volví a la casa de mi infancia
y todavía me es ajeno su ámbito.
mis manos han tocado los árboles
como quien acaricia a alguien que duerme
y he repetido antiguos caminos
como si recobrara un verso olvidado
y vi al desparramarse la tarde
la frágil luna nueva
que se arrimó al amparo sombrío
de la palmera de hojas altas,
como a su nido el pájaro.
¡Qué caterva de cielos
abarcará entre sus paredes el patio,
cuánto heroico poniente
militará en la hondura de la calle
y cuánta quebradiza luna nueva
infundirá al jardín su ternura,
antes que vuelva a reconocerme la casa
y de nuevo sea un hábito!


Jorge Luis Borges
Fervor de Buenos Aires (1923)



Foto de Borges © Ferdinando Scianna - 1984 en Palermo, Sicilia

Jorge Luis Borges (1899-1986)


POEMA DE LOS DONES

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

Las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que había dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.


El Poema de los dones fue escrito a fines de 1958 o comienzos de 1959. El autor lo dedicó a María Esther Vázquez y apareció por primera vez, en libro, en el titulado Poemas (edición privada, con ilustraciones de Héctor Basaldúa, Buenos Aires, 1959, 24 págs.). En realidad, el opúsculo comprende las obras Poema de los dones, Los espejos y El otro tigre. Por segunda vez, en libro, en la parte lírica del volumen titulado El Hacedor (Buenos Aires, 1960). Por tercera vez, en la Antología personal de 1961…
De las ediciones posteriores se destaca el volumen El otro, el mismo: 1930-1967 (con guardas e ilustración frente a la portada de Raúl Soldi, Buenos Aires, 1969), compilación de poemas escritos a lo largo de casi cuarenta años, muchos de ellos ya publicados en otras colecciones.
Otra particularidad vinculada al Poema de los dones la vemos en la fijeza del texto, ya que el poema aparece sin variantes en las diferentes ediciones (salvo —aclaro— la omisión de la dedicatoria). Pero este rasgo de la fijeza suele ser —bien lo sabemos— cosa corriente en los poemas de Borges a partir de una época dada...

(EMILIO CARILLA, San Miguel de Tucumán, Argentina.)

Texto e imagen publicado en el perfil de Facebook de la biblioteca

Logo de la Biblio, gentileza del ilustrador Daniel Caminos, Córdoba, Argentina

Relato de Julio Cortázar sobre las bicicletas publicado en “Historias de Cronopios y de famas” (1962) Edit. Alfaguara

VIETATO INTRODURRE BICICLETTE

En los bancos y casas de comercio de este mundo a nadie le importa un pito que alguien entre con un repollo bajo el brazo, o con un tucán, o soltando de la boca como un piolincito las canciones que me enseñó mi madre, o llevando de la mano un chimpancé con tricota a rayas. Pero apenas una persona entra con una bicicleta se produce un revuelo excesivo, y el vehículo es expulsado con violencia a la calle mientras su propietario recibe admoniciones vehementes de los empleados de la casa.

Para una bicicleta, ente dócil y de conducta modesta, constituye una humillación y una befa la presencia de carteles que la detienen altaneros delante de las bellas puertas de cristales de la ciudad. Se sabe que las bicicletas han tratado por todos los medios de remediar su triste condición social. Pero en absolutamente todos los países de la tierra está prohibido entrar con bicicletas. Algunos agregan: «y perros», lo cual duplica en las bicicletas y en los canes su complejo de inferioridad. Un gato, una liebre, una tortuga, pueden en principio entrar en Bunge & Born o en los estudios de los abogados de la calle San Martín sin ocasionar más que sorpresa, gran encanto entre telefonistas ansiosas o, a lo sumo, una orden al portero para que arroje a los susodichos animales a la calle. Esto último puede suceder pero no es humillante, primero, porque sólo constituye una probabilidad entre muchas, y luego porque nace como efecto de una causa y no de una fría maquinación preestablecida, horrendamente impresa en chapas de bronce o de esmalte, tablas de la ley inexorable que aplastan la sencilla espontaneidad de las bicicletas, seres inocentes.

De todas maneras, ¡cuidado, gerentes! También las rosas son ingenuas y dulces, pero quizá sepáis que en una guerra de dos rosas murieron príncipes que eran como rayos negros, cegados por pétalos de sangre. No ocurra que las bicicletas amanezcan un día cubiertas de espinas, que las astas de sus manubrios crezcan y embistan, que acorazadas de furor arremetan en legión contra los cristales de las compañías de seguros y que el día luctuoso se cierre con baja general de acciones, con luto en veinticuatro horas, con duelos despedidos por tarjeta.


Julio Cortázar “Historias de Cronopios y de famas” (1962) Edit. Alfaguara



Ilustración: Julio Cortázar sobre ruedas dibujado por Virginia Herrera, para su serie 'Escritores en bicicleta'. Imagen utilizada por la Biblioteca Popular José A. Guisasola en la 3º Feria del Libro Coronel Dorrego 2014. Ilustró el logo de la biblio: Daniel Caminos, Córdoba, Argentina

Decálogo más uno para escritores principiantes, por Juan Carlos Onetti (Escritor uruguayo, 1909-1995)

1. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

2. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

3. No traten de complicar al lector, ni buscar, ni reclamar su ayuda.

4. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.

5. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

6. No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

7. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.

8. No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?

9. No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.

10. Mientan siempre.

11. No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer."



Caricatura de Onetti, por Leandro Bustamante, Montevideo – Uruguay


El contrato (Juan Carlos Onetti)

“El autor declara no ser genio literario, y en consecuencia no incurrirá en ningún tipo de ingenio que pretenda confundir a la editorial y a los lectores respecto a la declaración jurada que antecede.
El autor se compromete a dar fiel cumplimiento a la promesa de escribir una novela tan explosivamente revolucionaria que pueda ser leída sin deslomamiento intelectual por cualquier incauto comprador, sea macho, hembra o andrógino.
El autor se compromete a no emplear subproductos de técnicas literarias construidas en el infinito pasado por escritores europeos o yanquis.
El autor se compromete a escribir una novela carente de trucos, grandilocuencia y engañabobos.”


(Borrador encontrado entre los manuscritos de "Dejemos hablar al viento")



Caricatura de Juan Carlos Onetti, por Mauro Barbosa©

Franz Kafka (1.883 - 1.924)

Este 3 de junio, se conmemoran 90 años del fallecimiento del autor de La metamorfosis.

Kafka nació en Praga, hoy República Checa, el 3 de Julio de 1883. Escritor y jurista, su obra fue conocida mayormente póstumamente gracias a que su amigo, el escritor Max Brod, no hizo caso de su última voluntad y en vez de destruir sus obras, las dio a conocer al mundo. Escribió en alemán, su obra va de lo fantástico a lo real y contiene, además de originalidad, elementos absurdos y una ironía destacables. En 1913 publica Meditaciones, con el que no tuvo éxito. A partir de ese año y hasta 1919 escribe La metamorfosis, en la que un corredor de seguros descubre que se ha convertido en un insecto, y En la colonia penitenciaria, donde presenta un elemento de tortura que graba el delito en la piel del reo. Llegaron después El proceso (1925), El castillo (1926), y América (1927). Kafka fue, sin duda, un escritor fuera de lo común, su compleja obra necesitará todavía más estudios por parte de los especialistas. Pero podemos decir que su personalidad y su realidad interior corresponden a una estructura psicológica que, como se manifiesta en su literatura, supera los campos convencionales. Padecía de tuberculosis, enfermedad que le causó la muerte en un Sanatorio cercano a Viena cuando sólo tenía 40 años


Una pequeña fábula
Franz Kafka

¡Ay! -dijo el ratón-. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan grande que le tenía miedo. Corría y corría y por cierto que me alegraba ver esos muros, a diestra y siniestra, en la distancia. Pero esas paredes se estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón está la trampa sobre la cual debo pasar.
-Todo lo que debes hacer es cambiar de rumbo -dijo el gato... y se lo comió.

FIN



Imagen de FRANZ KAFKA, por DAVID ROWE

Enlace para leer más cuentos de Kafka:
http://www.ciudadseva.com/

2 de junio, Día del Bombero Voluntario Argentino

En el año 1884 un inmigrante italiano, de apellido Liberti, tuvo que combatir junto a los vecinos, balde en mano, el incendio de una tienda en el Barrio de la Boca. En esa circunstancia entendió que era necesario contar con un cuartel de bomberos voluntarios.
Gracias a su iniciativa, el 2 de junio de 1884 se creó el Cuerpo de Bomberos Voluntario de la Boca, con el lema “querer es poder”. Este cuartel es el primero de los más de seiscientos que hoy existen en nuestro país.

Se toma esta fecha como referencia para celebrar el Día del Bombero Voluntario Argentino


SOY BOMBERO VOLUNTARIO

Vocación que se encuentra escondida
en el fondo de mi corazón,
inquietud que despierta y un día
se convierte en una pasión.

Y vivir compartiendo la vida
la familia y también el cuartel
que difícil lograr la armonía,
en las dos me espera el deber.

Escuchar la sirena y salir
sin pensar lo que dejan atrás
ya la guardia dispuesta a partir,
el cadete, bombero, oficial,
un equipo que marcha a servir
al llamado ansiosos ya van.

Disciplina, confianza y valor
escondido detrás del portón,
respetando las reglas del juego,
pero siempre la misma pasión.

Cuando el tiempo me llame a retiro
en reserva atento estaré,
porque sé y estoy convencido
que bombero yo siempre seré.


Autora:Sra. María Luisa MARSCH
Bomberos Voluntarios de Coronel Suárez
Provincia de Buenos Aires - ARGENTINA.





Fotos: Bomberos Voluntarios de El Perdido

El 01 de JUNIO (1874) en BUENOS AIRES, nace Macedonio Fernández

Metafísico, abogado y escritor, colaboró en Martín Fierro y otras publicaciones vanguardistas. Autor de novelas, cuentos, poemas, artículos periodísticos, ensayos filosóficos y textos de naturaleza inclasificable, en suma, una obra caracterizada por su desorden y fino humor, fue gran animador de la Revista Oral y publicó: "No todo es vigilia la de los ojos abiertos", "Papeles de Recienvenido", "Museo de la novela eterna", etc. Falleció en Buenos Aires el 10 de febrero de 1952.


UN PACIENTE EN DISMINUCIÓN
(Macedonio Fernández, Papeles de Recienvenido, 1929)

El señor Ga había sido tan asiduo, tan dócil y prolongado paciente del doctor Terapéutica que ahora ya era sólo un pie. Extirpados sucesivamente los dientes, las amígdalas, el estómago, un riñón, un pulmón, el bazo, el colon, ahora llegaba el valet del señor Ga a llamar al doctor Terapéutica para que atendiera el pie del señor Ga, que lo mandaba llamar.
El doctor Terapéutica examinó detenidamente el pie y “meneando con grave modo” la cabeza resolvió:
-Hay demasiado pie, con razón se siente mal: le trazaré el corte necesario, a un cirujano.


ARTIFICIOS
(Macedonio Fernández, Cuadernos de todo y nada, 1972)

- Mujer, ¿Cuánto te ha costado esta espumadera?
- 1,90.
- ¿Cómo, tanto? ¡Pero es una barbaridad!
- Sí; es que los agujeros están carísimos. Con esto de la guerra se aprovechan de todo.
- ¡Pues la hubieras comprado sin ellos!
- Pero entonces sería un cucharón y ya no serviría para espumar.
- No importa; no hay que pagar de más. Son artificios del mercado de agujeros.




Caricatura: Ricardo Ajler (CARICAJLER) Buenos Aires.


TRES COCINEROS Y UN HUEVO FRITO
Macedonio Fernández

Hay tres cocineros en un hotel; el primero llama al segundo y le dice: “Atiéndeme ese huevo frito; debe ser así: no muy pasado, regular sal, sin vinagre”; pero a este segundo viene su mujer a decir que le han robado la cartera, por lo que se dirige al tercero: “Por favor, atiéndeme este huevo frito que me encargó Nicolás y debe ser así y así” y parte a ver cómo le habían robado a su mujer.

Como el primer cocinero no llega, el huevo está hecho y no se sabe a quién servirlo; se le encarga entonces al mensajero llevarlo al mozo que lo pidió, previa averiguación del caso; pero el mozo no aparece y el huevo en tanto se enfría y marchita. Después de molestar con preguntas a todos los clientes del hotel se da con el que había pedido el huevo frito. El cliente mira detenidamente, saborea, compara con sus recuerdos y dice que en su vida ha comido un huevo frito más delicioso, más perfectamente hecho.

Como el gran jefe de fiscalización de los procedimientos culinarios llega a saber todo lo que había pasado y conoce los encomios, resuelve: cambiar el nombre del hotel (pues el cliente se había retirado haciéndole gran propaganda) llamándolo Hotel de los 3 Cocineros y 1 Huevo Frito, y estatuye en las reglas culinarias que todo huevo frito debe ser en una tercera parte trabajado por un diferente cocinero.


FIN

(Relato, Cuentos, Poemas y Miscelaneas, de Macedonio Fernández.
Editorial: Corregidor)



Caricatura: Tomás Juan (el Tomi) D'Espósito Müller.
Rosario. Santa Fe. Argentina.


31 de mayo de 1819, nace el poeta, ensayista, periodista y humanista estadounidense Walt Whitman.

Whitman, uno de los más influyentes escritores norteamericanos, es considerado el padre del verso libre. Su trabajo, particularmente controvertido por su libro "Hojas de hierba", en su momento descrito como obsceno por su abierta sexualidad, terminó ejerciendo una enorme influencia al punto de ser considerado el padre de la moderna poesía americana. Entre los escritores que se han visto influenciados por su obra figuran: Wallace Stevens, Hart Crane, D.H. Lawrence, T.S. Eliot, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, John Ashbery, entre otros.

Su obra maestra, "Hojas de hierba", costeada por él mismo, fue publicada en 1855. El libro fue una tentativa de tender los brazos hacia el ciudadano común con una épica americana. La obra fue revisada y expandida durante el resto de su vida, siendo publicada la edición definitiva en 1892. Luego de un derrame al final de su vida, se movió a Camden, Nueva Jersey, donde su salud declinó. Murió a los 72 años y su funeral se convirtió en un espectáculo público.


WHITMAN (Eduardo Galeano)
En el libro: "Espejos, una historia casi universal" Ed. Siglo XXI

Ocurrió en Boston, en 1882.
La Sociedad de Nueva Inglaterra por la Supresión del Vicio logró evitar la distribución de la nueva edición de «Hojas de hierba».
Unos años antes, Walt Whitman, el autor, había perdido su empleo cuando apareció la primera edición.
Su exaltación de los goces de la noche resultaba insoportable para la moral pública.
Y eso a pesar de que Whitman se las arregló bastante bien para ocultar lo más prohibido. En algún tramo de «Hojas de hierba» alcanzó a insinuarlo, pero en los demás poemas, y hasta en sus diarios íntimos, se tomó el trabajo de corregir his por her, escribiendo ella donde había escrito él.
El gran poeta, el que cantó a la desnudez resplandeciente, no tuvo más remedio que disfrazarse para sobrevivir. Inventó seis hijos que nunca tuvo, mintió aventuras con mujeres que jamás existieron y se retrató a sí mismo como el barbudo pisafuerte que encarnaba la virilidad de América abriendo muchachas intactas y praderas vírgenes.


Macedonio Fernández (1874-1952) Argentina

Cuento: COLABORACIÓN DE LAS COSAS

Empieza una discusión cualquiera en una casa cualquiera pues llega un esposo cualquiera y busca la sartén ya que él es quien sabe hacer las comidas de sartén y ésta no aparece. Crece la discusión; llegan parientes.

Se oye un ruido. Sigue la discusión. Se busca una segunda sartén que acaso existió alguna vez. El ruido aumenta. Tac, tac, tac. No se concluye de esclarecer qué ha pasado con la sartén, que además no era vieja; se escuchan imputaciones recíprocas, se intercambian hipótesis; se examinan rincones de la cocina por donde no suele andar la escoba. Tac, tac, tac. Al fin, se aclara el misterio: lo que venía cayendo escalón por escalón era la sartén. Ahora sólo falta la explicación del misterio: el niño, de cinco años, la había llevado hasta la azotea, sin pensar que correspondiera restituirla a la cocina; al alejarse por ser llamado de pronto por la madre, después de haber estado sentado en el primer escalón de la escalera, la sartén quedó allí. Cuando trascendió el clima agrio de la discusión conyugal, la sartén para hacer quedar bien al niño, culpable de todo el ingrato episodio, se desliza escalones abajo y su insólita presencia a la entrada de la cocina calma la discordia.

Nadie supo que no fue la casualidad, sino la sartén. Y si es verdad que puede haberle costado poco por haber sido dejada muy al borde del escalón, no debe menospreciarse su mérito.

Fin

Macedonio Fernández
En: Breve antología del cuento argentino: (1900-1940) Ed. Sudamericana



Imagen: ©Beti Alonso
Retrato de Macedonio Fernández. óleo/tela , 60x80cm